La raíz sabe de la dureza de la roca. Capilarmente la penetra y la rompe. Se aferra y desafía, segura, el vendaval. Permanece.
Un amigo mío, ciego para este mundo, rico en luz interior, bien anclado en la Roca que cimienta su vida, escribe:
"Heme aquí, Señor, en este lecho duro
esperando mi últimas agonía.
Que agonía son todos los días,
los dolores y avatares de este mundo.
Purifícame, Señor, en tu crisol divino
y aparta de mi estas escorias todas.
y forja, con este oro fino,
el anillo de alianza de tus bodas.
Transforma mi veste mortuoria
en el traje blanco de tus bodas,
e invítame al banquete de tu hijo
y a entrar en el gozo de tu gloria"
(Ricardo Rodríguez Sobrino)